El niño que vendía besos de caballo para no dejar sola a su madre

Como quien entra en una habitación donde todavía queda el olor de alguien amado.

Una mañana, mientras esperábamos junto a la cerca, mi compañero Julián me dijo:

—Ramón, esto no puede quedarse solo en venir los sábados.

—¿Qué quieres decir?

Se encogió de hombros.

—No sé. Nico hizo aquello para que su madre no se quedara sola. Nosotros no podemos aparecer dos semanas y luego desaparecer.

Me molestó un poco que tuviera razón.

Porque a veces uno ayuda con fuerza al principio, cuando todo duele mucho y todos lo ven.

Luego vuelve la rutina.

El despertador.

El camión.

La compra.

Los recibos.

La vida tiene esa manía de empujar hacia delante incluso cuando alguien se queda atrás.

Esa noche no dormí bien.

Pensé en Nico escribiendo aquellas letras pequeñas debajo del cartel grande.

“Para que ella no se quede sola cuando yo me vaya.”

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