Yo no quería creerlo.
Pero empecé a observarlo con más atención.
Llegó el cumpleaños de mi madre.
Organizamos una cena pequeña en su casa.
Estaríamos mi madre, Camila, mi tía Rosa, Roberto y yo.
Compramos flores.
Decoramos la mesa.
Preparamos mole poblano, arroz y ensalada.
Mi madre hizo personalmente un pay de chocolate.
Era el postre favorito de Roberto.
Pasó toda la tarde en la cocina.
Cuando le pregunté por qué se esforzaba tanto, sonrió.
—Porque quiero que tenga una noche bonita.
Aquella respuesta me dolió.
Mi madre estaba enamorada.
Y yo tenía miedo de que alguien volviera a romperle el corazón.
Roberto llegó a las seis.
Traía un ramo de rosas rojas y una caja pequeña.Dentro había un broche de plata con forma de flor.
Mi madre lo miró emocionada.
—Roberto, está precioso.
Él se lo colocó con cuidado.