El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

Llegaron a comisaría ocho minutos después.

Sergio sacó a don Manuel del coche de un tirón.

Lo llevó por el pasillo principal, pasando junto a otros agentes que apenas miraron.

Para ellos era rutina.

Un detenido más.

Un sábado más.

Pero la agente Marta Salas, de guardia en recepción, observó la cara de don Manuel y sintió algo raro.

No miedo.

No rabia.

Calma.

Una calma demasiado grande para un hombre esposado injustamente.

—Inspector —preguntó—, ¿cuáles son los cargos?

Ricardo no se detuvo.

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—Desobediencia, alteración del orden y resistencia. Registro normal.

En la sala de identificación, el agente Ramos preparó el lector de huellas.

—Vamos a ver quién es.

Sergio quitó una de las esposas, pero mantuvo su mano apretada sobre el brazo de don Manuel.

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