—Tiene treinta segundos para pasármelo antes de que agentes federales entren por esa puerta y la incluyan en una investigación por obstrucción.
Hubo un clic.
Luego otro.
—Inspector Cruz —dijo Ricardo, molesto—. ¿Qué ocurre?
Elena no perdió tiempo.
—Tiene bajo custodia al director general Manuel Rivas. Suprimió una alerta Alfa. Tiene seis minutos para liberarlo antes de que llegue con cuarenta agentes y convierta su comisaría en una escena federal.
Ricardo dejó de respirar un segundo.
—Subdirectora, ha habido una confusión.
—La confusión ocurrió en el parque. El delito ocurrió cuando vio la pantalla y cerró el portátil. Tenemos los registros. Tenemos las cámaras. Tenemos todo.
—Podemos arreglar esto.
—No. Puede usar los próximos cinco minutos para llamar a un abogado.
Elena colgó.
Ricardo se quedó mirando el teléfono muerto.
Alberto Flores entró por la puerta lateral, pálido.
—¿Era la Agencia?