El policía humilló a un abuelo en el parque sin saber que estaba tocando al hombre equivocado

Ricardo no pudo mentir.

—El hombre de la celda es Manuel Rivas.

Alberto se dejó caer en una silla.

—¿El director?

—Sí.

—¿Y lo sabías?

Ricardo no contestó.

Alberto cerró los ojos.

—Idiota.

—Pensé que podía controlarlo.

—¿Controlar una alerta federal? ¿Al director de investigación del país? ¿En serio?

Sergio apareció en el pasillo.

—Inspector, ¿qué está pasando?

Ricardo lo miró como si acabara de verlo por primera vez.

Como si Sergio ya no fuera su protegido, sino la piedra atada a su cuello.

—Traedlo a interrogatorios.

Sacaron a don Manuel de la celda y lo sentaron frente a ellos.

Ahora las esposas estaban delante.

Un gesto pequeño.

Desesperado.

Ricardo intentó sonar firme.

—Señor, ha habido una confusión de identidad. Si coopera, podemos resolver esto rápido.

Don Manuel lo miró con una calma que dolía.

—¿Cooperar? Llevo casi una hora cooperando mientras usted viola mis derechos, suprime alertas federales y convierte un abuso policial en conspiración.

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