Alberto miró a don Manuel esposado en el suelo.
Por un instante pareció reconocerlo.
Pero decidió no hacerlo.
—Bien. Hay que mantener este parque seguro.
Subió la ventanilla y se marchó.
Sergio levantó a don Manuel de un tirón y lo llevó hacia el coche patrulla.
La gente abrió paso.
Móviles en alto.
Cuarenta cámaras grabando.
La niña que lloraba se soltó de su madre y preguntó:
—Mamá, ¿ese señor es malo?
La madre, con lágrimas en la cara, negó.
—No, cariño. No es malo.
Sergio abrió la puerta trasera del coche.
Puso la mano sobre la cabeza de don Manuel y lo empujó hacia dentro.
Pero lo hizo mal.
A propósito.
La frente de don Manuel chocó contra el marco.
Toc.
—Cuidado con la cabeza, abuelo —dijo Sergio, con una sonrisa.
La puerta se cerró.
Metal contra metal.
Don Manuel quedó sentado atrás, esposado, tranquilo.