El Secreto del Convento

Camilo gritó.

Fonseca se quedó paralizado.

No había una sola expresión de sueño en aquellos rostros.

Todas estaban mirando hacia él.

La superiora susurró:

—Ahora que usted conoce el secreto, doctor, ya no puede marcharse.

Fonseca sacó lentamente su teléfono.

—¿Qué secreto?

—El que la Iglesia intentó enterrar durante más de un siglo.

—¿Qué hay detrás de la puerta?

La superiora miró hacia el fondo de la habitación.

Allí había otra puerta.

Más grande.

Más antigua.

Y completamente cubierta de símbolos.

—No hay nada detrás de esa puerta.

Fonseca frunció el ceño.

—Entonces, ¿por qué la protegen?

La superiora respondió:

—Porque hay algo delante.

Un ruido profundo estremeció el suelo.

Las mujeres de las camas comenzaron a rezar.

Todas al mismo tiempo.

Camilo miró hacia la puerta.

—Doctor…

Algo estaba respirando del otro lado.

Una respiración enorme.

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