Fonseca se acercó.
Entonces se dio cuenta de algo.
Las fotografías tenían nombres y fechas.
Camilo se acercó.
—Doctor…
En todas las fotografías aparecía la misma mujer.
Siempre joven.
Siempre con el mismo rostro.
María Inés.
Fonseca retrocedió.
—No puede ser.
—Está en todas.
—No.
Fonseca observó una fotografía de 1901.
La mujer tenía exactamente el mismo rostro.
No parecía una antepasada.
Era ella.
La misma mujer.
Un ruido llegó desde el fondo del convento.
Un golpe.
Después otro.
Camilo levantó la linterna.
—¿Escuchó eso?
Fonseca asintió.
Siguieron el sonido por un pasillo estrecho.
Llegaron a una puerta de hierro.
En ella estaba grabado el símbolo de la llave.
Fonseca sacó la llave negra.
La introdujo.
La cerradura giró sola.
La puerta se abrió.
Detrás había una escalera que descendía hacia la oscuridad.
—¿Vamos a bajar?
Fonseca respiró profundamente.