Tampoco estaba intentando recuperar su matrimonio.
Su decisión era mucho más sencilla.
No iba a permitir que Ethan volviera a convertir su clínica en el lugar donde él decidiera qué debía sentir, qué debía olvidar o a quién debía recibir.
Chloe dio un paso hacia atrás.
Sarah puso una mano sobre la urna de su hijo.
Después comenzó a cerrar la puerta.
No la cerró de golpe.
La dejó apenas abierta, lo suficiente para que Ethan y Chloe siguieran frente a ella.
Y entonces Ethan entendió que Sarah no había estado esperando su regreso.
Había estado esperando que apareciera la única persona que podía hablar de lo ocurrido sin depender de los recuerdos de Ethan.
Chloe.
Porque mientras Chloe estuviera desaparecida, Ethan podía seguir llamando a todo aquello un malentendido.
Podía decir que había sido demasiado joven para entender.