PARTE 3
A las 7:58 de la mañana del viernes, Alejandro salió del elevador. Valeria estaba de pie frente a su oficina, pálida, con ojeras profundas y la blusa arrugada. No había ido a su casa. “¿Dormiste aquí?”, preguntó él, sorprendido. Valeria no contestó a eso; simplemente puso dos carpetas sobre el pesado escritorio de caoba. La primera contenía el reporte final de todas las tareas que le había asignado durante el mes. Todo resuelto. La segunda carpeta estaba abierta en la página 94 del contrato alemán, con la cláusula 6.14 circulada en tinta roja, y junto a ella, el reporte de retraso de obra de Monterrey.
Alejandro leyó el cálculo matemático de Valeria, escrito a mano en una hoja de libreta. 45 millones de pesos en pérdidas. El color desapareció de su rostro. Levantó el teléfono y exigió que todo el departamento legal y los directivos subieran de inmediato. Las siguientes cinco horas fueron un caos de gritos, llamadas a Alemania y abogados sudando frío. La constructora en Monterrey confesó que el retraso era real. La empresa alemana, acorralada, aceptó modificar la cláusula para atar la entrega a la finalización de la obra.