Después observó a los pocos asistentes, inmóviles.
Su sonrisa comenzó a tensarse.
—Sé que hemos vivido momentos difíciles —continuó—, pero precisamente por eso debemos recordar la importancia del silencio.
Se acercó al atril.
Entonces vio el candado.
Se quedó mirándolo.
Durante varios segundos no dijo una palabra.
Finalmente levantó la cabeza.
—Vamos a comenzar con nuestro tradicional minuto de silencio.
Cerró los ojos.
Nadie se movió.
Nadie aplaudió.
Nadie murmuró palabras de aprobación.
Cuando Teresa volvió a abrir los ojos, Mariana ya estaba caminando hacia el escenario.
Mi suegra se quedó rígida.
—Hija, este no es el momento para discutir asuntos familiares.
Mariana se detuvo frente a ella.
—Mamá, qué bonito está todo.
Teresa frunció el ceño.
—¿Qué?
—Qué silencio tan perfecto. Nadie llora. Nadie protesta. Todos estamos haciendo exactamente lo que tú quieres.
Su madre intentó sonreír.
—Mariana, por favor…
—¿Ya aprendiste algo con tanto silencio, mamá?