—¿Qué documentos?
Rodrigo sonrió.
—Un poder para que yo pueda hacer los trámites de la venta.
—¿Y ella lo va a firmar?
—Confía en mí.
La frase cayó sobre Mariana como una bofetada.
Confía en mí.
Exactamente por eso había puesto su nombre en la escritura.
Exactamente por eso nunca revisaba los papeles que él le pedía firmar.
Fernanda preguntó:
—¿Y después?
Rodrigo la abrazó.
—Después vendemos, yo recupero lo que pueda y nos vamos. Si Mariana se pone difícil, diremos que abandonó a una mujer enferma. Mi mamá será testigo.
Mariana cerró la aplicación.
Ya no necesitaba escuchar más.
Copió todos los videos en tres lugares distintos.
Después abrió la caja fuerte donde guardaba contratos, estados de cuenta y documentos relacionados con la compra del departamento.
A la mañana siguiente pidió cita con una abogada.
No iba a gritar.