La cámara mostró a mi suegra levantándose de la cama, haciendo sentadillas y riéndose por teléfono: “La nuera está agotada, pero es joven, aguantará”. Guardé cada video en la nube y no la enfrenté todavía. Quería saber quién más estaba detrás de aquella farsa, así que coloqué otra cámara frente a nuestra cama… y el jueves al mediodía apareció la persona que menos quería ver.

—¿Cuándo vas a terminar todo esto? —preguntó Fernanda.

—Ya falta poco.

—Eso dijiste hace dos meses.

Rodrigo suspiró.

—Mariana está destruida. Mi mamá se ha encargado de eso.

Fernanda soltó una risita.

—Todavía no entiendo cómo acepta cuidar a una mujer que ya está bien.

Rodrigo respondió:

—Porque cree que sigue paralizada.

Mariana sintió que algo se rompía definitivamente dentro de ella.

—El derrame sí ocurrió —continuó Rodrigo—, pero fue mucho más leve de lo que Mariana cree. Mi mamá recuperó casi toda la movilidad durante la rehabilitación. Cuando vi que podía caminar, se me ocurrió aprovecharlo.

—¿Para qué?

—Mariana jamás habría aceptado vender este departamento. Pero está tan cansada que ya no piensa con claridad. Le voy a decir que necesitamos una casa en planta baja para cuidar a mi mamá. Después le presentaré unos documentos.

Fernanda se incorporó.

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