La carta que no escribí

Me apoyé en la mesita, respiré hondo y me obligué a quedarme quieto, porque sabía que si salía en ese estado no iba a llegar muy lejos. Guardé la hoja doblada entre las manos, como si doblarla pudiera proteger lo poco que decía. Miré de nuevo la fecha de hace tres años y sentí un vacío extraño, como si hubiera un hueco en mi vida con la forma exacta de esa carta. Volví a leer las dos líneas en voz baja, casi en un susurro, para oír si las palabras me sonaban a algo más que a tinta. Ethan, si estás leyendo esto, es que otra vez estás a punto de olvidarlo todo.

Me quedé así, con la lámpara encendida y el sobre frío entre las manos. El pasillo seguía en silencio. Pensé en esconder la hoja bajo la almohada. Detrás de mí la puerta volvió a abrirse y en el espejo de la mesita vi reflejada la bata de la enfermera de noche, que entró sin llamar y se quedó mirando el sobre como si ya supiera lo que contenía.Parte 3. Nadie entró en la habitación

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