Entonces llegó el mensaje que me partió el alma, un video enviado desde un número desconocido que tardé unos segundos en abrir por miedo. En la imagen, Leo aparecía dormido en un automóvil, con la cabeza apoyada en una almohada pequeña y su cobija favorita sobre el pecho. Su respiración tranquila me hizo llorar de alivio y de rabia al mismo tiempo, porque estaba vivo, pero seguía en manos de Ricardo. La voz de Ricardo sonó después, fría y calculada, como si estuviera negociando una propiedad y no la vida de su propio hijo. Me dijo que solo lo devolvería si yo firmaba la renuncia a la casa y retiraba todas las denuncias, sin dejar lugar a dudas.
Ricardo me envió un video en el que Leo aparecía dormido en un automóvil y me advirtió que solo lo devolvería si yo firmaba la renuncia a la casa y retiraba todas las denuncias.Parte 9. La custodia y el comprador