La casa que me robaron

La última llamada llegó casi a medianoche, cuando Leo ya dormía y yo tenía el teléfono en la mano como si fuera una extensión de mi cuerpo. Era nuestro abogado, con la voz baja y urgente, y me dijo que en el aeropuerto se había registrado un movimiento extraño: había un boleto a nombre de Ricardo para un vuelo próximo, y junto a él, en la misma reserva, había otro boleto que nadie podía explicar sin sentir miedo. Me quedé sin aire, miré a Leo dormido en su cama pequeña y entendí que Ricardo no planeaba una huida solitaria, sino una última jugada que volvía a poner a mi hijo en el centro. Armando se puso de pie de golpe y Camila se llevó las manos al vientre.

Ricardo no apareció en su domicilio ni en la casa, y en el aeropuerto se registró un boleto a su nombre junto a un segundo boleto a nombre de Leo.Parte 13. La pulsera en la cama

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