Cuando llegaron los agentes, el ambiente cambió de inmediato, porque la autoridad no se dejó impresionar por el tono ni por el tamaño de la mansión. Los policías pidieron los documentos, revisaron la escritura y comprobaron con calma que la propiedad pertenecía a Cedarline Capital y que el nombre de Trevor nunca había aparecido en ella. También revisaron la orden de entrega firmada por mí y la identidad de Alonso Reyes como comprador legítimo, mientras Trevor repetía que aquello debía ser un error. Uno de los agentes le explicó con paciencia que vivir en una casa no equivale a poseerla, y que sin escritura, sin contrato y sin pago no existía ningún derecho de propiedad que defender. Kristen, que había salido detrás de Trevor, escuchaba con los brazos cruzados y la sonrisa de la noche anterior completamente desaparecida.
La casa que nunca fue suya