Trevor intentó entonces cambiar de estrategia y dijo que la discusión había sido provocada, que yo lo había desafiado delante de sus amigos y que su reacción, aunque excesiva, debía entenderse en un contexto de tensión familiar. El abogado lo miró con seriedad y le recordó que ninguna provocación verbal justifica treinta bofetadas, y que un juez vería primero la violencia y después cualquier discusión previa. También le explicó que la venta a Alonso Reyes estaba cerrada, que la propiedad tenía un nuevo dueño legítimo y que una demanda no devolvería la mansión, sino que prolongaría un conflicto que ya estaba perdido. Kristen no estaba presente en aquella reunión, pero su ausencia se notaba, porque su sonrisa de la fiesta aparecía en el video como una prueba silenciosa de complicidad. El despacho quedó en silencio durante unos segundos, y ese silencio pesaba más que cualquier argumento.
La casa que nunca fue suya