Después, la atención se desplazó hacia Kristen y su intento de extorsión, que quedó expuesto con la misma claridad que la venta. Sobre la mesa se colocaron los mensajes donde ella planeó humillarme para aislarme, las pruebas de la venta del relicario restaurado y la comparación entre el video editado y el video completo de la fiesta. En el video completo se veían los empujones, las treinta bofetadas y su sonrisa silenciosa, sin cortes ni reordenamientos que cambiaran el sentido. El abogado de Kristen intentó argumentar que se trataba de una negociación privada, pero el juez señaló que exigir dinero bajo la amenaza de difundir una versión manipulada no era negociar, sino presionar.
El juez sancionó el intento de extorsión, prohibió la difusión del video editado y dejó constancia formal de la conducta de Kristen en el proceso. Ordenó que no pudiera usar ese material para obtener pago alguno y la dejó fuera de la reclamación sobre la mansión, sin derecho al dinero que exigía y sin argumento legal para seguir vinculada a la propiedad. Kristen escuchó la resolución con el rostro tenso, sin la sonrisa de la fiesta y sin la seguridad de la obra, porque por primera vez sus movimientos habían quedado registrados y nombrados delante de un juez. No hubo escándalo ni gritos, solo la frialdad de un documento que cerraba una puerta que ella creyó poder abrir con amenazas.