La dueña

Marcos se quedó revisando el archivo por si hubiera otros contactos, reuniones o nombres pasados por alto. Cuando volvió a mi despacho, traía la propuesta original y una expresión que ya no necesitaba palabras para decirme que la cronología era real. Me mostró la propuesta de Wells Development, fechada dos semanas antes de mi primera cita con Arturo. En ella, Briarwood ya se presentaba como un proyecto que solo necesitaba un inversor discreto.Parte 5. Lo que no era un trámite

Marcos dejó la propuesta sobre mi escritorio con el cuidado de quien sabe que un papel puede cambiar una historia, y la fecha de la primera página me obligó a leerla dos veces. Dos semanas antes de mi primera cita con Arturo, Wells Development ya describía Briarwood como un proyecto que solo necesitaba un inversor discreto, una frase prudente en un informe y demasiado parecida, fuera de él, a una búsqueda silenciosa de dinero ajeno. Mi nombre no aparecía, ni el de Northbridge, y eso me inquietó más, porque el plan no necesitaba nombrarme para funcionar: bastaba con que yo llegara, confiara y firmara en el momento indicado. Guardé la propuesta en una carpeta nueva, anoté la fecha con mi letra y sentí que los seis meses de relación se reordenaban en mi cabeza como piezas que encajaban, de pronto, en un dibujo distinto.

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