Al leerla, pensé en la cena y comprendí que el lenguaje de la propuesta y el de la celebración eran el mismo. Marcos señaló la fecha sin dramatismo y me pidió compararla con el inicio de mi relación. La propuesta estaba fechada dos semanas antes de mi primera cita con Arturo, un margen demasiado corto para una coincidencia cómoda y demasiado preciso para ignorarlo. En catorce días, Wells Development buscó un inversor discreto, fue rechazada por Northbridge y, poco después, el hijo de la familia conoció a la dueña de la empresa que los había rechazado. Yo no podía afirmar aún quién sabía qué en cada momento, pero la secuencia me obligó a dejar de creer en un encuentro casual. Guardé la propuesta aparte y pedí a Marcos que no compartiera el hallazgo fuera de Nina.
Aquella tarde, la imagen de Arturo se volvió más compleja y dolorosa. No era solo el hombre que me llamaba sencilla, sino el hijo de una familia que buscaba una solución financiera y encontró a una mujer sencilla con una empresa valiosa. No quería condenarlo sin confesión ni documentos, pero tampoco podía tratarlo como si la cena no hubiera ocurrido. Decidí revisar fechas, nombres y firmas antes de discutir. Antes de cerrar la jornada, llamé a Nina y le resumí lo hallado, sin exagerar y sin omitir la fecha clave. Ella me escuchó en silencio y recordó que debíamos asegurar las pruebas antes de cualquier confrontación, porque una acusación prematura podía alertar a la familia y complicar la investigación.