La dueña

La familia se dividió delante de mí sin disimulo. Su madre quería aceptar las condiciones para ganar tiempo y evitar que el embargo avanzara. Su padre defendía el orgullo y decía que Wells Development no necesitaba que nadie le enseñara a gestionar su proyecto. Su hermana miraba a uno y a otro, incómoda, como si por primera vez entendiera el precio de haber sonreído en la cena. Arturo no defendió a nadie con claridad y eso también fue una respuesta. Yo observé esa división sin intervenir, porque no era mi trabajo unir lo que sus decisiones habían roto.

Marcos explicó los números con calma y sin adornos. Recordó que Wells Development debía más de once millones, que tenía dos embargos en trámite y que Arturo figuraba como garante personal de uno de los préstamos. Nina añadió que cualquier negociación de Northbridge pasaría por su revisión y por mi autorización directa. No ofrecimos promesas ni plazos imposibles, solo un camino ordenado. El padre de Arturo apretó los labios, pero no pudo rebatir una cifra. Los números no tenían lealtad familiar ni orgullo que proteger.

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