“Mamá, vacié tus gotas en el té de mi nuevo papá para que ya no te hicieran daño”, dijo mi hija. Él llevaba una hora conectado a máquinas en cuidados intensivos y yo aún creía que todo había sido un accidente. Guardé silencio y dejé que el laboratorio analizara aquel pequeño frasco. El resultado hizo que revisaran mi testamento, mis dos años de enfermedad y hasta la muerte de mi primer esposo.

—¿Quién hereda?

—Mis hoteles quedan para Camila, pero Ignacio administra todo hasta que cumpla dieciocho.

—¿Y si a Camila le pasa algo?

Elena cerró los ojos.

—Entonces todo queda a nombre de Ignacio.

Camila abrazó más fuerte al conejo.

Rodrigo comprendió que la niña no había cometido una travesura.

Había interrumpido un plan que llevaba casi dos años funcionando.

Y lo peor todavía no era eso.

PARTE 2

Rodrigo ordenó iniciar azul de Prusia de inmediato para Elena y Camila. Les explicó que era un antídoto usado para atrapar el talio en el intestino y ayudar al cuerpo a eliminarlo. Elena apenas escuchaba. Miraba sus manos, sus uñas, los mechones de cabello en la almohada.

—Entonces mi corazón no estaba muriendo por sí solo —murmuró.

—Está enfermo —respondió Rodrigo—, pero la causa puede ser la intoxicación prolongada. Y eso cambia todo.

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