Me dejaron en el bosque para que muriera y cobrar el seguro. Me arrastré hasta casa y me llevé todo.

Esa misma tarde, Elena tomó una decisión.

Quería volver a su casa.

No para enfrentarlos.

Todavía no.

Quería entrar primero en su propia casa y comprobar qué habían hecho.

Porque había una cosa que Ricardo no sabía.

Elena había guardado durante años una pequeña caja metálica detrás de un falso fondo de un viejo archivador.

Dentro estaban las escrituras originales, contratos, documentos bancarios y copias de poderes anteriores.

Y si la caja seguía allí…

podía demostrar exactamente qué parte de su patrimonio habían intentado controlar.

Al día siguiente, acompañada por Adriana y un abogado de confianza, Elena regresó a Saltillo.

Cuando llegó frente a su casa, se quedó mirando la puerta durante casi un minuto.

Había vivido allí treinta y dos años.

Pero cuando introdujo la llave…

descubrió que la cerradura había sido cambiada.

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