Mientras tanto, Elena permaneció en la clínica.
Y Ricardo creyó que su madre seguía desaparecida.
El tercer día ocurrió algo inesperado.
La aseguradora llamó a Adriana.
—Señora Salgado, necesitamos informarle de una cosa.
—Dígame.
—El señor Ricardo Ruiz volvió a comunicarse con nosotros.
Adriana miró a Elena.
—¿Qué dijo?
—Preguntó cuánto tardaría el pago del seguro una vez presentado el certificado de defunción.
Elena cerró los ojos.
Ya no había dudas.
Pero entonces Adriana preguntó:
—¿Y qué les respondieron?
La mujer al otro lado de la línea contestó:
—Que necesitábamos el certificado de defunción y la documentación original.
Adriana respiró aliviada.
—Gracias. No hagan ningún movimiento hasta recibir instrucciones nuestras.
Colgó.
Elena la miró.
—Ahora saben que algo no salió como esperaban.
Adriana asintió.
—Y tenemos que actuar antes de que intenten borrar las pruebas.