Mauricio la miró durante unos segundos.
—¿Alguna vez podrías perdonarme?Valeria pensó en los ocho años compartidos, en la boda, en la palabra “estéril”, en el falso expediente y en aquella noche en que Mauricio descubrió la mentira y decidió permanecer callado.
—Perdonarte no significa volver a abrirte la puerta.
Pasó junto a él.
Nunca volvieron a hablar.
Durante el embarazo, Alejandro cambió.
No de un día para otro.
Aprendió.
Acompañaba a Valeria a cada consulta, pero dejó de intentar decidir por ella. Cuando los médicos recomendaron reposo parcial por tratarse de un embarazo múltiple, reorganizó su trabajo para estar más tiempo en casa.
Aprendió a cocinar sopa de tortilla porque era una de las pocas cosas que Valeria toleraba durante las semanas de náuseas.
Compró libros sobre recién nacidos.
Luego compró tantos que Valeria terminó riéndose.
—Alejandro, vienen tres bebés, no estás preparando un doctorado.