Después miró las otras dos cunas.
Recordó aquellas palabras pronunciadas meses atrás frente a un salón lleno de gente:
“Una mujer que no puede tener hijos es tierra estéril”.
Y sonrió.
Porque finalmente comprendía la respuesta que debió haber dado aquel día.
Ninguna mujer es tierra estéril por no poder ser madre.
Estéril es el corazón de quien necesita destruir la dignidad de otra persona para sentirse superior.
Y esa fue la única herencia que Valeria decidió que sus tres hijos jamás recibirían.