Alejandro observó los tres pequeños sacos gestacionales.
—¿De cuánto tiempo?
—Nueve semanas.
Su rostro se endureció.
—Valeria… yo tengo azoospermia.
—Estuvimos juntos.
—Una vez. Y mi último estudio seguía siendo terrible.
Entonces apareció en sus ojos algo que Valeria nunca había visto: miedo convertido en desconfianza.
—¿Son de Mauricio?
La pregunta le dolió más que todos los insultos de Teresa.
Valeria abrió la puerta del automóvil.
—Si después de todo lo que sabes de mí eso es lo primero que piensas, no voy a suplicarte que me creas.
Se marchó.
Esa misma noche llamó a Mariana, una antigua compañera que trabajaba en investigación biomédica.
—Necesito saber exactamente qué tratamiento recibió Alejandro.
Horas después recibió un mensaje.
“Valeria, encontré algo. Si las fechas coinciden, existe una posibilidad real de que Alejandro haya recuperado fertilidad temporalmente. Y hay una forma de comprobar la paternidad antes del nacimiento”.