Valeria miró la pantalla con el corazón golpeándole el pecho.
Al día siguiente entró al despacho de Rafael Alcázar, dejó el ultrasonido sobre su escritorio y dijo:
—Sus nietos podrían estar aquí. Pero esta vez no quiero fe ni milagros. Quiero pruebas.
PARTE 3
Rafael Alcázar tardó varios segundos en reaccionar.
El hombre que siempre parecía tener una respuesta para todo miró primero la imagen del ultrasonido y luego a Valeria.
—¿Alejandro sabe?
—Sí.—¿Y qué piensa?
—Que podrían no ser suyos.
Los músculos de la mandíbula de Rafael se tensaron.
Valeria levantó una mano.
—No lo culpe todavía. Durante años ustedes le repitieron que era prácticamente imposible que pudiera tener hijos. Cuando vio este ultrasonido, reaccionó desde ese miedo.
Rafael guardó silencio.
Valeria le explicó entonces lo ocurrido con el doctor Valdés, el falso diagnóstico y el dinero de Teresa.