—Decía que una muchacha muy valiente me había cargado cuando yo estaba atrapada en la camioneta.
Su voz se quebró.
—Yo era muy pequeña, pero recuerdo algo.
Se quedó frente a mí.
—Recuerdo que tenía mucho miedo.
Una lágrima rodó por su mejilla.
—Y recuerdo que alguien me dijo que cerrara los ojos y la abrazara muy fuerte.
Me llevé una mano a la boca.
Aquellas palabras me atravesaron el corazón.
Porque yo también recordaba aquel momento.
La niña lloraba desconsoladamente mientras yo intentaba sacarla.
Y para tranquilizarla le había dicho:
«Abrázame fuerte, princesa. Cierra los ojitos. No te voy a soltar».
Sofía comenzó a llorar abiertamente.Está en mi cuarto.
Y salió corriendo hacia la casa.
Mientras esperábamos, nadie sabía qué decir.
Patricia se acercó a mí.
Por primera vez desde que la conocía, parecía una mujer completamente diferente.