¡MI CUÑADO ME TIRÓ UNA CERVEZA ENCIMA FRENTE A TODA LA FAMILIA, SIN SABER QUE YO HABÍA SIDO CAMPEONA DE ARTES MARCIALES MIXTAS!

—Valeria…

Levanté la mirada.

—Perdóname.

Su voz era apenas un susurro.

—Durante cinco años te traté como si fueras una extraña. Te critiqué, me burlé de ti y permití que Rodrigo te faltara al respeto.

Comenzó a llorar nuevamente.

—Y resulta que tú eres la razón por la que mi nieta sigue viva.

No respondí inmediatamente.

Porque una parte de mí quería abrazarla.

Pero otra recordaba cada humillación.

Cada comentario cruel.

Cada vez que había guardado silencio para no causar problemas.

—Patricia —dije finalmente—, yo no salvé a Sofía para que algún día me agradecieran.

Ella bajó la cabeza.

—Lo sé.

—Y tampoco necesito que me traten bien porque fui campeona o porque hice algo importante hace diez años.

Respiré profundamente.

—Solamente quería que me respetaran porque soy una persona. Porque soy la esposa de Alejandro. Porque nunca les he hecho daño.

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