Mi esposo protegió a su amante después de que supuestamente encerrara a nuestra hija en el coche hasta asfixiarla: “Si denuncias, te divorcio y te vas sin un peso”. Delante de toda su familia saqué los estados de cuenta, rechacé su acuerdo y llamé a la policía. Nadie esperaba que las cámaras mostraran a otro niño con el abrigo de mi hija.

PARTE 3

La imagen provenía de un automóvil estacionado frente al cajón de Sofía.

Era un Tesla blanco con modo centinela. A las 6:58 de la mañana, la cámara grabó a Santiago entrando al estacionamiento con guantes de látex. Abrió la camioneta de su esposa, sacó de una bolsa negra un recipiente metálico y lo acomodó detrás del asiento trasero.

Luego cerró parcialmente las rejillas de ventilación.

El video no tenía sonido, pero no lo necesitaba.

Santiago se quedó inmóvil. El abogado de la empresa, que acababa de llegar

con una carpeta bajo el brazo, dejó de caminar.

—Eso no prueba que yo quisiera matar a nadie —balbuceó Santiago—. Era un limpiador. Sofía lo había comprado.

El investigador deslizó el dedo sobre la tableta.

—La compra se hizo con una cuenta vinculada a usted. El paquete fue recibido en su oficina. Además, encontramos conversaciones eliminadas en el teléfono de la señora Valeria.

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