¡MI CUÑADO ME TIRÓ UNA CERVEZA ENCIMA FRENTE A TODA LA FAMILIA, SIN SABER QUE YO HABÍA SIDO CAMPEONA DE ARTES MARCIALES MIXTAS!

Mi suegra comenzó a sollozar.

—Tienes toda la razón.

Alejandro me tomó de la mano.

—Y eso es lo que debieron entender desde el primer día.

Entonces miré a Rodrigo.

Seguía apartado del grupo.

Por primera vez desde que lo conocía, no tenía ninguna broma preparada.

—Rodrigo —dije—, no espero que te caiga bien. Pero nunca vuelvas a tocarme ni a humillarme.

Él levantó lentamente la mirada.

Sus ojos estaban enrojecidos.

—Valeria…

Parecía buscar palabras que nunca había necesitado utilizar.

—Perdóname.

Nadie habló.

—Me porté como un imbécil —continuó—. Pensé que hacer reír a todos a costa de los demás me hacía importante.

Miró a Alejandro.

Alejandro permaneció serio.

—Lo que hiciste no se arregla con dos palabras.

Rodrigo asintió.

—Lo sé.

Después volvió a mirarme.

—No te pido que me perdones hoy. Pero te prometo que nunca volverá a pasar.

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