Eso significaba que mi nombre seguiría desprotegido frente a cualquier otra sociedad de la familia.
Marqué ambos párrafos.
—Buena observación —dijo Ximena cuando la llamé—. Están probando cuánto entiendes.
—Se equivocaron de persona.
Llevaba siete años revisando contratos, expedientes y estructuras financieras.
Durante mucho tiempo Ricardo se había burlado cariñosamente de mi obsesión por leer la letra pequeña.
Ahora esa misma costumbre impedía que su familia escondiera una salida entre dos párrafos.
En el tercer borrador intentaron incluir una cláusula que prácticamente me impediría hablar de lo ocurrido incluso dentro de los canales profesionales necesarios.
Ximena respondió de inmediato.
La retiraron.
Al cuarto intento, el documento finalmente reflejaba lo que habíamos exigido desde el principio.
Arturo firmó frente a quien correspondía.
La documentación de la operación fue corregida.
Quedó establecido formalmente que la firma original atribuida a mí no había sido realizada por mí.