Subí, guardé ropa para varios días y me fui a casa de Daniela.
Ricardo pensó que aquella noche nuestro problema era un divorcio.
No tenía idea de que unas horas antes yo ya había hablado con Ximena Torres.
Ella me hizo una advertencia inmediata:
—No vuelvas a descargar ningún documento usando tus accesos del banco. Si esto llega a juicio, los abogados de los Altavista intentarán convertirte a ti en el problema. A partir de ahora necesitamos una cadena de custodia impecable.
A la mañana siguiente envié, mediante el canal interno correspondiente, una descripción de cómo había localizado el documento durante mis funciones.
Ximena contrató de manera independiente al doctor Ernesto Salgado, perito en documentoscopía.
Cuatro días después llegó el dictamen preliminar.
La firma atribuida a mí presentaba diferencias de presión, trazos, terminaciones y formación incompatibles con una variación natural.