Mi abogada me mostró la carta.
«Vicente, perdí al bebé. No me busques nunca más».
La firma se parecía a la mía, pero jamás había escrito aquellas palabras.
—Quiero que investiguen quién hizo esto —dije.
Revisamos las transferencias y encontramos que el dinero había llegado a una cuenta controlada por Sofía.
También había irregularidades en la supuesta carta y en la declaración que llevaba mi nombre.
Vicente colaboró entregando los documentos originales a las autoridades correspondientes.
Cuando volvimos a encontrarnos, parecía un hombre distinto.
—Clara, yo creí que nuestro bebé había muerto —confesó.
—¿Y nunca intentaste hablar conmigo directamente?
Bajó la cabeza.
—Sofía decía que no querías verme. Debí buscarte.
—Sí, Vicente. Debiste hacerlo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Perdóname.
Lo miré con tristeza.
—No podemos recuperar el pasado. Pero todavía puedes decidir qué clase de padre quieres ser.