Asentí.
—Yo tampoco estoy diciendo eso. Tener dificultades no era una vergüenza. Lo que hiciste conmigo fue otra cosa.
Rodrigo miró hacia la puerta. Afuera se escuchaban platos y voces bajas. La fiesta seguía, incómodamente, sin sus anfitriones.
—Estaba desesperado. Todo giraba alrededor de eso.
—También para mí —dije—. Pero yo no tuve tus resultados completos para decidir contigo. Tenía citas a las que faltabas y a tu mamá diciéndome que dejara de trabajar.
Beatriz apretó su bolsa contra las rodillas.
—Yo no sabía lo del estudio.
—No. Pero sí sabías que me estabas lastimando.
Busqué en el teléfono la conversación que ella me había enviado durante el divorcio. Le mostré la pantalla sin leerla en voz alta.
Tardó unos segundos.
—Me dijiste que no lo hiciera sentir culpable por buscar una familia —recordé.
Beatriz se quedó mirando sus propias palabras.