Megan estaba de pie junto a la cocina.
Mi mamá abrió la puerta y lo primero que preguntó fue si ya podíamos dejar de hacer tanto ruido.
No respondí.
El oficial Ruiz explicó que las cámaras mostraban a Megan saliendo deliberadamente del supermercado mientras Lily permanecía en la banca, y que una empleada había confirmado lo que mi hermana dijo antes de irse.
Vi cómo cambiaba el rostro de mi mamá.
—Megan, dime que no es cierto —murmuró.
Mi hermana apretó los labios.
—No es como lo están contando.
—¿Entonces cómo es? —pregunté.
Megan miró hacia Lily, dormida contra mi hombro.
—La niña estaba haciendo un berrinche. Tenía que entender que hay consecuencias.
—¿Y abandonarla en un supermercado era una consecuencia? —le pregunté.
—No la abandoné para siempre, Elena.
Aquella respuesta terminó de romper algo dentro de mí.
Había pasado toda la tarde deseando escuchar una disculpa. Imaginé que, cuando Megan comprendiera el peligro, se llevaría las manos a la cabeza y se arrepentiría sinceramente.