Un día ella la encontró mientras buscábamos colores.
Se quedó mirándola un momento.
—Ya no la quiero —me dijo.
Le pregunté si estaba segura.
Asintió y me entregó el pequeño cartón.
Después sacó sus lápices y comenzó a dibujar una casa con ventanas grandes, un árbol y dos figuras tomadas de la mano.
No me pidió que le explicara nada.
Solamente quiso que me sentara a colorear con ella.
Mi mamá ha comenzado a acercarse poco a poco, respetando los límites que establecí. No le he prometido que todo volverá a ser como antes, porque todavía hay cosas que necesitamos reconstruir.
En cuanto a Megan, sigue siendo responsable de enfrentar las consecuencias de sus actos. No tiene acceso a Lily sin mi consentimiento y no pienso cambiar esa decisión por presión familiar.
Algunas personas consideran que fui demasiado lejos cuando marqué al 911 y pedí conservar las grabaciones.