En la esquina derecha de la pantalla estaba mi hija.
Eran las 4:48 de la tarde. Lily aparecía sentada en una banca azul, con los pies colgando sin alcanzar el piso. Tenía las manos juntas sobre las rodillas y miraba hacia los pasillos, como si todavía esperara que Megan regresara con alguna compra olvidada.
A pocos metros, mi hermana caminaba hacia las puertas automáticas. Llevaba dos bolsas en una mano y el celular en la otra. No corría ni parecía estar buscando a nadie. Avanzaba con la tranquilidad de una persona que ya había terminado sus compras.
Entonces sucedió lo que el señor Hall quería que viéramos.
Megan se detuvo antes de cruzar las puertas y volvió la cabeza hacia Lily.
No fue una mirada rápida ni accidental. Permaneció quieta varios segundos, observando a la niña. Después señaló en dirección a la banca con un movimiento brusco de la mano.