Por primera vez entendí algo.
Los Alcázar parecían invencibles porque durante años todos habían guardado silencio.
Pero no todos estaban dispuestos a seguir haciéndolo.
Después llegaron transferencias bancarias.
Pagos.
Facturas falsas.
Empresas fantasma.
Depósitos desde compañías vinculadas a Arturo hacia funcionarios municipales.
Verónica apareció en el hospital cuando la investigación llevaba 3 días fuera del control de su familia.
Corrió hacia mí llorando.
—Javier, tienes que escucharme.
Me coloqué delante de la puerta de Valeria.
—No puedes entrar.
—Soy su madre.
—También eras su madre cuando gritó tu nombre.
Verónica se quedó inmóvil.
—Tenía miedo.
—Ella también.
—No entiendes a mi papá.
—Entiendo perfectamente lo que vi.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué viste?
Saqué mi teléfono.