Me levanté.
La abrí por completo.
La primera luz de la mañana entró en la habitación.
—Siempre que tú quieras.
Durante las semanas siguientes comenzaron a caer piezas que habían permanecido intactas durante décadas.
Un antiguo chofer de Arturo declaró que había visto a Rodrigo y Esteban cargar a Emiliano, gravemente herido, en la misma camioneta.
Una exempleada doméstica afirmó que Paulina había ordenado lavar sangre del garaje.
Otro trabajador reveló que el padre de Emiliano había organizado una protesta contra descuentos ilegales que una empresa financiera de Arturo aplicaba a empleados endeudados.
La golpiza había sido un mensaje.
Pero algo salió peor de lo que esperaban.
Una noche, después de varias horas de interrogatorios, un expolicía entregó la ubicación de una propiedad abandonada perteneciente a una empresa de los Alcázar.