Funcionarios municipales fueron investigados.
Varias cuentas bancarias quedaron congeladas.
Contratos fueron suspendidos.
Empleados que llevaban años callados comenzaron a declarar.
Extorsiones.
Préstamos abusivos.
Amenazas.
Golpizas.
Pagos para alterar expedientes.
El poder de aquella familia nunca había sido absoluto.
Solo habían comprado suficiente silencio para parecer intocables.
Y el silencio se había terminado.
Verónica pidió hablar conmigo semanas después.
Nos reunimos en una oficina de la Fiscalía.
No llevaba joyas.
No llevaba ropa de diseñador.
Parecía una persona distinta.
—Voy a declarar contra mi papá y mis hermanos.
La miré.
—¿Por qué ahora?
—Mi papá siempre decía que si yo lo desafiaba te quitaría a Valeria.
—No te creo.
—Es verdad.
—Quizá.
Incliné ligeramente la cabeza.
—Pero cuando tu hija estaba en el suelo no elegiste protegerla.