Varios policías fueron expulsados y algunos terminaron frente a un juez.
Parte del dinero asegurado se utilizó para indemnizaciones y para cubrir tratamientos médicos y psicológicos relacionados con las víctimas.
Pero ninguna sentencia fue la escena que recuerdo con mayor claridad.
La recuerdo meses después.
Valeria estaba en rehabilitación.
Primero aprendió a sentarse sin ayuda.
Después a levantarse.
Después a apoyar lentamente la pierna.
Una tarde dio 3 pasos entre las barras metálicas de terapia.
Yo caminaba a su lado con las manos preparadas para sostenerla.
Valeria me miró.
—Papá, estás más asustado que yo.
Me reí.
Fue la primera vez que recuerdo haberme reído de verdad desde aquella llamada.
—Probablemente.
Dio otro paso.
—No me voy a caer.
—Eso dijiste cuando aprendiste a andar en bicicleta.
—Y no me caí.