A veces todavía despertaba por pesadillas.
A veces preguntaba por Verónica.
Nunca intenté llenarla de odio.
Le expliqué que perdonar, si algún día decidía hacerlo, no significaba regresar al lugar donde alguien había demostrado que no podía protegerla.
Una tarde la encontré sentada junto al ventanal haciendo su tarea.
Había empezado a llover.
Valeria levantó la mirada hacia el cristal.
—Papá.
—¿Qué pasó?
—Creo que ya no me da miedo mirar por las ventanas.
Me quedé en la puerta.
Durante más de 1 año pensé que ganar significaba ver caer a los Alcázar.
Pensé que la justicia era escuchar una sentencia.
Ver unas esposas.
Observar cómo desaparecían los privilegios de quienes habían creído que podían comprarlo todo.
Pero estaba equivocado.
Eso solo había sido el principio.