Otra llegó a la Fiscalía del Estado.
Renata aceptó declarar únicamente si la sacaban de la casa Alcázar antes de que su padre descubriera lo que había hecho.
La conocí 2 días después.
Era una adolescente delgada, con las manos temblando y los ojos rojos de no dormir.
Se sentó frente a 2 investigadores.
—Mi papá me quitó el celular y borró el video —explicó.
—Entonces, ¿cómo lo conservaste?
—Mis fotos se respaldan automáticamente en otra cuenta.
El investigador abrió la carpeta.
—Dijiste que Valeria no había sido la primera.
Renata bajó la mirada.
—Hace 3 años pasó algo parecido.
La habitación quedó en silencio.
—¿Con quién?
—Un muchacho llamado Emiliano Rivas.
Conocía el apellido.
Su padre había trabajado como mecánico para una empresa de transporte de Arturo Alcázar.