Aparecían cargos de gasolina, supermercados, cenas, servicios y viajes. Ethan siempre tenía una explicación. Algunas veces prometía devolver el dinero y después se le olvidaba. Otras ni siquiera mencionaba los gastos.
Cada cargo parecía demasiado pequeño como para iniciar una discusión.
Juntos, en cambio, representaban una costumbre que yo misma había permitido.
Abrí la sección de tarjetas adicionales.
Encontré su nombre.
Me quedé unos segundos mirando la opción para cancelar su acceso.
Recordé al muchacho que se había ido a estudiar con una mochila demasiado grande y me llamó la primera noche porque extrañaba su casa.
Lo quería tanto entonces como lo quería ahora.
Pero ya no era aquel muchacho.
Era un hombre que estaba por casarse y que acababa de decidir que su madre debía irse al fondo de un tren para que otra persona estuviera más cómoda.