Mi hijo le regaló mi asiento a su futura suegra. Ese día dejé de pagar la boda que habían organizado con mi dinero.

Sin darme cuenta, aquel cuarto había dejado de estar disponible para mis propias visitas.

Sarah se apoyó contra el marco de la puerta.

—Mamá, ¿qué estás haciendo?

—Voy a sacar las cosas de Ethan y Chloe del cuarto.

Miró las cajas apiladas.

—¿Todas?

—Todas. Las voy a dejar protegidas en el garaje para que puedan recogerlas.

Sarah dejó la bolsa en el piso.

—Bueno, entonces te ayudo.

Trabajamos juntas un buen rato. Yo doblaba la ropa y revisaba que no hubiera objetos frágiles sueltos. Sarah cerraba las cajas y ponía cinta.

En un momento me preguntó si quería hablar de lo ocurrido en el tren.

Le conté exactamente cómo había encontrado a Patricia instalada en mi asiento. Le expliqué que Ethan había trasladado mi bolsa hasta la parte de atrás y que ninguno de los tres había ofrecido devolverme mi lugar cuando llegué.

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