Sarah escuchó en silencio.
—Eso no fue un malentendido, mamá —dijo al final—. Tomaron una decisión por ti y esperaban que la aceptaras.
Seguí acomodando unos libros.
—Tal vez debí pedirles otra vez que se levantaran.
—Ya lo pediste.
No encontré qué responderle.
Sarah tomó una caja de decoraciones. Debajo de unas bolsas de papel apareció un recibo arrugado.
Lo extendió sobre la cómoda.
—Mamá, ¿este depósito lo pagaste tú?
Me acerqué.
Era el comprobante de la despedida de soltera de Chloe.
Recordaba bien aquella tarde. Patricia había dicho que no llevaba suficiente dinero para el anticipo y me pidió que lo cubriera. Yo acepté para evitar un retraso en la reservación.
—Sí —respondí.
Sarah levantó la mirada.
—Pero Chloe dijo delante de todos que Patricia había pagado la despedida.
Sentí que se me calentaba la cara.
También recordaba aquel comentario.
No había corregido a Chloe porque no quería avergonzar a Patricia. Me había dicho que el agradecimiento no era importante, que lo importante era que todos estuvieran contentos.