Me dolía que hubiera dejado de hablar conmigo como si mis aportaciones fueran dinero del que podía disponer sin explicaciones.
Saqué una hoja y calculé cuidadosamente de dónde habían salido los depósitos de la cuenta.
Más del noventa por ciento correspondía a dinero que yo había aportado. Había registros de mis transferencias, fechas y cantidades.
Descargué los estados de cuenta y conservé los comprobantes.
Después separé únicamente el dinero correspondiente a mis propias aportaciones, utilizando las facultades que tenía sobre la cuenta compartida. Dejé intacta la parte que pertenecía a Ethan.
No quería quitarle lo suyo.
Quería dejar de permitir que utilizara lo mío como si no necesitara preguntarme.
Imprimí los movimientos y los guardé en la carpeta azul junto con las cancelaciones de los proveedores.
Cuando terminé, ya era tarde.
El teléfono volvió a iluminarse.